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Varias noticias, bastante trascendentes, han ocupado los titulares de los medios en los últimos días.

El pasado sábado, la periodista Lourdes Mendoza hizo explotar las redes al publicar unas fotografías de Emilio Lozoya, el exdirector de Pemex acusado de recibir sobornos millonarios de la empresa Odebrecht, cenando en el lujoso restaurante Hunan, en las Lomas de Chapultepec de la Ciudad de México.

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Las imágenes despertaron una oleada de justa indignación por parte de los cibernautas: ¿Cómo es posible, se preguntaban, que un delincuente confeso de haber aceptado y malversado millones de dólares, se dé la gran vida y se exhiba de manera tan cínica, bajo un gobierno que prometió terminar con la impunidad y la corrupción?

De inmediato, simpatizantes del gobierno federal pusieron en duda la autenticidad de las fotografías, por lo que la periodista debió mostrar varias capturas de su teléfono con diversas tomas.

“Llegué minutos antes de las 20:00 horas, me puse mi tapabocas, recibí el boleto del valet parking y entré. La hostess no estaba, pero me interceptó unos pasos después. -Buenas noches, señora. ¿Ya la esperan? -Sí, vengo con Lozoya-, respondí. Ella se fue a checar la lista, yo recorrí con la mirada el salón principal, entrando a mano izquierda y nada. Otra persona, ahora un hombre, me dijo: -¿A quién busca? -A Lozoya, pero no lo veo, seguro está en la terraza-, contesté”, escribió el lunes.

En efecto, lo encontró comiendo pato laqueado y en cuanto el otrora prominente funcionario la vio, de inmediato reaccionó con molestia y llamando al personal del restaurante.

Se dice que en la Fiscalía General de la República, los muchachos de Alejandro Gertz Manero, montaron en furia.

“Habíamos quedado que no se exhibiría públicamente ni gastaría fuertes cantidades de dinero durante su proceso”, revelaron.

Es más, hasta el presidente López Obrador, tan proclive a defender lo indefendible dio muestras de disgusto:

“No es ilegal, (lo que hizo Lozoya) pero sí es inmoral”, afirmó durante su conferencia mañanera.

Lo que sí queda muy claro es que Emilio Lozoya ha sido utilizado por el régimen para armar un tinglado en el que se aparenta hacer justicia pero solo ha resultado una cortina de humo para hacer prevalecer la impunidad.

De los 70 personajes que Lozoya delató solo uno ha sido sancionado, un legislador panista (y Ricardo Anaya quien puso pies en polvorosa).

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Mientras tanto, los peces gordos priistas directamente involucrados con el escándalo de Odebrecht la pasan de lo más campechano: ahí está Peña Nieto, Videgaray, Ososrio Chong y muchos más, confiados en el pacto que seguramente el Grupo Atlacomulco hizo con el régimen de López Obrador.

 

Las Empresas Fantasmas de los Eventos de AMLO

Otra nota que despertó numerosas reacciones fue la investigación periodística emprendida por el portal digital EMEEQUIS, donde se pone al descubierto que un gran número de eventos ligados directamente con la presidencia de la República, con la Jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum y hasta con el hoy senador y ex titular de la alcaldía Cuauhtémoc, Ricardo Monreal, huelen fuertemente a desvío de recursos.

Y es que muchos de sus eventos, desde el primer informe de gobierno de López Obrador hasta la fiesta por el aniversario de la Independencia fueron adjudicados de manera directa, muy al estilo de la 4T, a empresas fantasma cuyos principales prestanombres son Héctor Francisco Flores Marín, un gris burócrata que empezó sus labores como checador de tiempos en la entonces delegación Cuauhtémoc, y Yazmín Adriana Bolaños López. A estas personas, que no cuentan con antecedentes empresariales, ni empleados, vehículos, ni activos, se les han entregado decenas de millones de pesos para la “organización” de los eventos gubernamentales

Los domicilios registrados corresponden a dos sencillas viviendas en la colonia Obrera y en Iztapalapa, de la CDMX y todo apunta a una gigantesca desviación de recursos, no cometida por un funcionario desleal, sino orquestada desde la misma presidencia de la República, cuyo titular, en repetidas ocasiones, en un gesto histriónico, ha agitado un pañuelo blanco anunciando que “ya se acabó la corrupción”.

Lo cierto es que, donde se apriete, sale pus.

 

Represión en Dos Bocas

Circuló profusamente la imagen de un trabajador de la refinería de Dos Bocas, con un impacto de proyectil en el costado. Esto, después de que un grupo de ellos decidió protestar y hacer un paro exigiendo mejores condiciones laborales.

La policía entró lanzando gases lacrimógenos y disparando, se dice, balas de goma. Hubo versiones en el sentido de que por lo menos un trabajador había muerto por heridas de bala, versión que el gobierno del estado y el propio presidente han negado; lo que sí se confirmó fueron al menos cuatro heridos.

Trascendió que los trabajadores se quejan de que les imponen trabajar tiempo extra sin pagárselos debidamente. Esto se ajusta a la urgencia de Rocío Nahle, la inefable secretaria de Energía, por entregar prontamente la refinería, prioridad eminentísima del señor presidente.

Por cierto, Nahle, con esa soberbia que caracteriza a los que dicen “no ser iguales”, desdeñó el conflicto y dijo que se trataba de “un grupito de diez o doce trabajadores”. Cada vez queda claro que en este régimen no siempre le va bien al “pueblo bueno”.

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