Agua bendita desde una avioneta: la idea de un cura brasileño contra el coronavirus

avioneta

El sacerdote católico Emerson Rogério Anizi, de la catedral de Botucatu, en el estado de Sao Paulo, echaba de menos el contacto diario con sus fieles que perdió por el confinamiento, y se preocupaba con los miedos que pudieran estar sintiendo en la soledad de sus casas, así que tuvo una idea: bendecirles con agua bendita, pero desde el cielo.

Enseguida se puso manos a la obra: movilizó a amigos y empresas aliadas para conseguir tres avionetas con las que lanzar agua bendita sobre la ciudad: “Quería que, aún con aislamiento, los vecinos pudiesen sentir la presencia los unos de los otros”, confesó en una entrevista con Sputnik.

“Antes de despegar bendije los 1.000 litros de agua que llegaron al aeródromo en un camión cisterna, la colocamos en una avioneta de las que se usan para fumigar el campo, fue totalmente desinfectada y se colocó en los conductos de las alas: en lugar de pulverizar insecticida esparcimos agua bendita por los cielos de la ciudad”, cuenta orgulloso el párroco.

A pesar de la innovación, la peculiar bendición tuvo todo un protocolo y una liturgia ideada por el padre Emerson, con mucho cuidado, casi como si se tratara de las misas que oficia en la catedral, y es que no pidió tres avionetas porque sí: la primera es la que lanzaba el agua, en la segunda iba él con el santísimo sacramento y en la tercera aeronave viajaba otra persona rezando por todas las religiones y credos.

“En esa tercera avioneta no había ningún símbolo religioso, tan solo una persona que rezaba por todos, independientemente de la creencia de cada uno, para reflejar el ecumenismo, esa comunión que va más allá de las religiones”, explica el sacerdote que, a sus 48 años, se ha visto algo abrumado por el revuelo que ha generado su iniciativa.

La original bendición se realizó la semana pasada sobre el municipio de Botucatu y la vecina ciudad de Sao Manuel, y tuvo tanto éxito que el sacerdote ha recibido peticiones de otras ciudades para que también arroje el agua sagrada desde las alturas.

Emerson, no obstante, pide calma ante tanto entusiasmo y recomienda que cada pastor o sacerdote haga lo que mejor les parezca “para que las personas se sientan abrazadas espiritualmente”.

Con todos los fieles de la catedral de Botucatu encerrados en sus casas, el cura destaca que se ha tenido que reinventar, y ahora tiene una “parroquia virtual”: cuatro días a la semana retransmite la misa por las redes sociales, todos los días hace un “live” profundizando en la palabra de Dios y hasta creó una especie de consultorio psicológico.

“Tenemos una especie de call center dos horas cada día; llamamos a los fieles de más de 60 años para saber cómo están y hemos puesto en marcha tres canales de Whatsapp para que nos manden mensajes; por la noche los respondemos todos”, dice.

Añadió que su “preocupación no es que las personas se conviertan, el principal desafío es que salgamos de esta pandemia más humanos”.

La ciudad de Botucatu se encuentra a poco más de 230 kilómetros de la ciudad de Sao Paulo, en el estado brasileño más afectado por la pandemia, donde de momento ya hay 188 muertos y 3.506 casos confirmados; en todo el país se contabilizan 299 fallecidos y 7.910 casos confirmados, según los datos divulgados el 2 de abril por el Ministerio de Salud.

Sputnik

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