Autodeterminación de los pueblos y no intervención

Autodeterminación de los pueblos y no intervención

En medio de este increíble barullo que proviene desde los aparatos mediáticos más importante del orbe, y que no permiten ver los alcances y la profundidad de la actual crisis política en Estados Unidos, la oposición en México se ha dedicado a descalificar la actuación del mandatario mexicano Andrés Manuel López Obrador por esperar a felicitar al ganador de esta elección.

Vale la pena reflexionar sobre las razones de Estado respecto a esta decisión presidencial. El siglo XIX para nuestra nación fue sumamente convulso, se perdió territorio nacional y se vivieron varias intervenciones desde Europa y Estados Unidos que afectaron la política interior e impidieron nuestra libre autodeterminación como pueblo.

Es por ello que, la diplomacia mexicana, en la época posrevolucionaria, y a sabiendas de la dificultad que significa para nuestra clase política mantener la estabilidad y la gobernabilidad en este periodo, traza la ruta para mantener el respeto de otras naciones. Es así como, en el gobierno de Pascual Ortiz Rubio, fueron sumamente importante las reflexiones de Genaro Estrada Félix, subsecretario en funciones de Secretario de Relaciones Exteriores. La imperante necesidad de consolidar el gobierno posrevolucionario sin injerencias extranjeras llevó a la reflexión de respetar la libre autodeterminación de los pueblos y a establecer el principio de no intervención.

A pesar de que Carranza, ya había establecido los principios fundacionales de la política exterior mexicana en su informe de gobierno de 1918, “que ningún país debe intervenir en ninguna forma y por ningún motivo en los asuntos interiores de otro”, es Estrada Félix quien los lleva a la práctica ante el golpe de Estado que sufre Hipólito Yrigoyen en Argentina.

Todavía se encontraba fresco el recuerdo del nefasto Pacto de la Embajada que había llevado a cabo Henry Lane Wilson embajador de Estados Unidos con el golpismo comandado por Victoriano Huerta que culminó con el asesinato de Madero y el estallido de la revolución. La doctrina Estrada recuperando a Carranza, y llevándolo más lejos, estableció que “México se limita a mantener o retirar, cuando lo considere procedente, a sus agentes diplomáticos sin calificar, ni precipitadamente, ni a posteriori, el derecho que tengan las naciones extranjeras para aceptar, mantener o sustituir a sus gobiernos o autoridades”.

Es el artículo 89 de la Constitución Política Mexicana que recoge estas experiencias y marca con claridad la forma de conducir la Estado mexicano respecto su relación con otros gobiernos del mundo “En la conducción de tal política, el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención”.

Hoy Estados Unidos vive una crisis política muy seria, el presidente en funciones Donald Trump ha declarado que existe fraude en la elección llevada a cabo el 3 de noviembre

por lo que impugnará las elecciones en ciertos estados por haber presuntamente permitido la emisión de votos ilegales en la elección.

Por su parte, los medios de comunicación masiva americana lanzaron una ofensiva mediática al considerar que el presidente de Estados Unidos miente. Definieron, los grandes corporativos privados, censurar un mensaje del mandatario y cancelar la transmisión de un discurso en donde explicaba su argumentación.

Muchos intelectuales, periodistas y activistas americanos han empezado a reclamar en México la falta de reconocimiento de Joe Biden, su argumentación es que se ha derrotado al neofascismo, y que entonces debería de haber un movimiento de solidaridad internacional ante este logro. Para ellos, esta derrota de Trump es producto de la movilización popular, esta caracterización es real, un movimiento social de resistencia en curso está emergiendo en el país vecino, pero sería iluso mantener el nivel de reflexión sin agregar la disputa que existe entre los diferentes representantes de la élite americana.

Durante el periodo de Obama-Biden volvieron los golpes de estado a América Latina, se empezó en Honduras, pero se desarrollaron bajo la nueva lógica de guerra de cuarta generación con el lawfare por delante en Paraguay, Brasil y se continuó con esa política para desestabilizar Argentina, Ecuador y Venezuela. El desprecio por la democracia en América Latina ha tenido consecuencias terribles, una de ellas es producto del fraude electoral de 2006 que nos llevó a una guerra criminal en nombre del combate de las drogas. 

Este diseño fue elaborado a partir del Plan Colombia de Biden y que en México tuvo su expresión con la entrega de armas al narco a través de Rápido y Furioso.

El modelo electoral de Estados Unidos está elaborado a partir de concesiones que se realizaron al finalizar la guerra civil y que mantuvo una constante tensión constitucional. No hay que olvidar, que durante 80 años el partido republicano, el mismo que tenía como lema “vota en el sentido que disparas”, se gobernó sin ninguna transición democrática. Después del asesinato de Abraham Lincoln y la negativa de los estados del sur a respetar el fin de la esclavitud, las fuerzas de las élites se fueron enfrentando, ya no de forma tan abierta, pero sí de forma más soterrada, como en el caso de los gobiernos militares en el sur o la aplicación de los códigos negros para no respetar la decimocuarta y decimoquinta enmiendas.

Nos dicen en los medios que nunca se había declarado fraude en una elección de Estados Unidos, algunos lo hacen por franco desconocimiento y otros por pura manipulación, pero es necesario apuntar que justamente en el periodo de la reconstrucción y el imperio del partido republicano la elección de 1876 no se resolvió por el voto popular ni mucho menos por el voto de los estados en el colegio electoral.

Rutherford B. Hayes y Samuel J. Tilden se enfrentaron en unas elecciones, que por principio habían dado el triunfo por una abrumadora mayoría a Tilden, tanto el sur como el norte hicieron fraudes lo que impidió una libre votación. Los republicanos directores de la campaña se movilizaron a pesar de que Tilden ya tenía consigo 184 votos del Colegio Electoral de los 185 necesarios. Modificando algunos estados Hayes obtuvo al otro día de la elección los 185 votos necesarios de ese entonces. Lo que hizo estallar un conflicto político que develaba que las heridas de la guerra civil aún estaban vigentes.

El 29 de enero de 1867, ya con un acuerdo entre las élites promovido por el diputado Garfield se sepultaron los sueños de libertad antiesclavista durante tres generaciones, el Congreso de Estados Unidos aprobó una Comisión Electoral de 15 miembros compuesta por 5 miembros de la Cámara de Representantes, 5 miembros del Senado y 5 de la Corte Suprema que le dio el gane a Hayes.

El principio de no intervención y la libre autodeterminación de los pueblos ha puesto a López Obrador en el centro del debate mundial respecto a lo que sucede en Estados Unidos. Trump sigue siendo presidente hasta enero, y la batalla legal ya comenzó con la luz verde del fiscal general William Barr para la intromisión de jueces en el proceso electoral. Mike Pompeo lanzó un desafío al declarar que habrá una transición a un segundo mandato de Trump. La legalidad americana está en juego y el choque de intereses dentro de esta nación es muy claro, la prudencia del presidente en esperar los resultados finales son producto de la historia preparando el terreno a lo que sigue en los próximos años. La mejor política exterior es la compresión de los retos de la interior.

 

 

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