CELAC: una apuesta de futuro

La realización de la VI cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) es un acierto diplomático muy importante de la cuarta transformación. La reunión en México está marcada por la actual crisis sanitaria y económica que atraviesa todo el mundo, pero que ha tenido efectos nefastos especialmente en la región.

La COVID-19 ha venido a profundizar aún más las desigualdades de la periferia. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha tenido que reconocer que la pobreza extrema ha regresado a niveles de los que no se veían desde hace 20 años. Un retroceso muy duro si uno observa que la totalidad de los países del continente no se recupera de los efectos de la crisis económica del 2008.

Peor aún, al observar el acceso a las vacunas, lo que tenemos es un escenario sumamente desigual, el mecanismo COVAX diseñado por la Organización de Naciones Unidas fracasó. La Big Pharma logró imponer sus condiciones, y los países más pobres son los que han pagado con un mayor número de muertos en sus poblaciones debido a que la distribución de las vacunas está regulado por el mercado y no por las necesidades reales de la población mundial.

Si uno observa además, cómo la crisis ambiental mundializada ha impactado a la región, uno se encuentra que la infraestructura de esta se encuentra en crisis. Tan sólo para colocar un ejemplo, el fenómeno del niño y la niña, que ya se han vuelto normales, cada temporada de huracanes provocan desastres que tienen costos sumamente significantes para las naciones latinoamericanas.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura ha reconocido que el aumento en el nivel del mar puede generar consecuencias desastrosas para la economía de todo el Caribe. El proceso de recolección de agua dulce se ve en peligro constante, la desalinización del agua será fundamental para poder sobrevivir a cualquier escenario catastrófico si no se detiene el calentamiento planetario a tiempo. Esto no sólo destruye el ecosistema sino que pone en jaque la principal fuente de ingresos que es el turismo y más importante mantener en pie la agricultura para poder alimentar a su población.

Todas las economías nacionales fueron paulatinamente desmanteladas para mantener una dependencia a Estados Unidos que no existía antes. México es un ejemplo lamentable de ello, después de haber sido la cuna del maíz, una agricultura milenaria, hoy es el principal importador del cereal de su vecino del norte.

La doctrina del Shock ha dejado efectos indiscutibles, y uno de ellos es la migración forzada. Al no haber empleos en sus lugares de origen, y mucho menos la posibilidad para acceder la canasta básica alimentaria, muchos latinoamericanos, especialmente centroamericanos han abandonado su tierra en búsqueda de sobrevivencia.

Aunado a todo este complejo escenario, se ha venido estableciendo en la región un mal sumamente peligroso, el desarrollo de la economía criminal que tiene su centro en el narcotráfico, pero que no es lo único. Esta economía ha generado una violencia terrible en varios espacios que ha provocado un desplazamiento forzado que potencia la crisis humanitaria migratoria.

La región no cuenta siquiera con un proyecto para el desarrollo tecnológico, ha permanecido históricamente como la proveedora de recursos naturales estratégicos y en el peor de los casos de materias primas para que el norte pueda llevar acabo su producción industrial.

Este es el escenario en el cual la CELAC se llevó acabo en México. No fueron condiciones ideológicas las que están haciendo a coincidir a tantos países sino sus condiciones materiales, la crisis los está orillando a esto a pesar de sus múltiples diferencias.

Con todo y el proceso tan complejo que esto significa, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador está intentando abrir una ventana de oportunidad. Construir a partir del desarrollo compartido una compensación a los efectos más destructivos que tiene la actual crisis.

Y es que a este proceso se le ha sumado uno que produce mayor desestabilización dentro de los estados latinoamericanos, y es la crisis política. Estados Unidos, desde el golpe de estado en Honduras definió una trayectoria para debilitar a los gobiernos progresistas que se salieran del canon del Consenso de Washington, lo que ha generado confrontaciones sociales muy agudas.

La gota que ha derramado el vaso ha sido el reciente golpe de estado en Bolivia, que se operó gracias a la complicidad de la Organización de Estados Americanos (OEA). Este ministerio de colonias generó en medio de la pandemia la desestabilización del estado latinoamericano que llegó a tener tasas de crecimiento económico superior al 6 % del PIB anual. Y al grito de un fraude inexistente les abrió paso a los militares, que finalmente fueron vencidos en las urnas, pero que ensangrentaron al país en su intento de no respetar la voluntad popular.

En su reciente libro A mitad del camino, el oriundo de Macuspana, cuenta que el avión que rescató de la muerte a Evo Morales, estuvo a punto de ser derribado desde tierra. Fue un aviso.

La doctrina Monroe en el siglo XXI tiene un grave problema, y es que a partir del intento de Estados Unidos por cercar a China militarmente en el pacífico, quizás veamos una guerra en el continente latinoamericano. En el siglo XX no sucedió tal cosa, y no son pocos los analistas que saben que este factor jugó a favor de la hegemonía americana.

En Estados Unidos, de igual forma, no sólo tienen encima la crisis económica que vienen arrastrando desde 2008, sino que producto de la misma se ha radicalizado una crisis política, en donde un amplio sector de la población cree que el actual inquilino de la Casa Blanca está ahí gracias a un fraude electoral. Estrategia política que emprendió el expresidente Donald Trump y que tuvo su primera parada en la toma del Capitolio.

La presencia de China y su política de prosperidad compartida está generando un nuevo escenario. Que debe ser leído con cautela, y es que justamente lo que se intenta construir en la CELAC es la posibilidad de afirmar la soberanía de la región. No es una entrega a China, como algunos columnistas empezaron a afirmar en la prensa mexicana.

La entrada de China, le está permitiendo a los países latinoamericanos, y por ello la gran hazaña que puede significar la CELAC, negociar con mejores términos su propio desarrollo, al mismo tiempo que se le marca un alto a los intereses de quienes buscan subordinarse ahora a un nuevo tipo de imperialismo chino o mantener el americano.

La desactivación del conflicto venezolano, la exigencia del cese del bloque a Cuba son los primeros pasos para negociar con Estados Unidos, quien vive de igual forma un proceso de reestructuración de su estrategia contra China, de lo que depende su hegemonía mundial.

Ante todo lo que hay es una crisis epocal, en la que la alianza dentro de la CELAC será de primer orden para poder resistirla e intentar producir una salida histórica. Son tiempos de peligro para la región, pero ahí en Palacio Nacional parece ser que nació el germen de un nuevo tipo de resistencia que haga posible abrir camino a tiempos de oportunidades. La apuesta por el futuro se ha echado a andar.

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