En el poliamor los votos no son para siempre, son honestos

Su relación comenzó años atrás, antes de que se conocieran. Para él fue un proceso más complejo que para ella, pero hoy ambos reconocen que viven juntos un aprendizaje constante, comparten su intimidad con una compañera más y la libertad para relacionarse a su modo con otras personas. El género no es importante…

Cuando pensé en tocar el tema del poliamor, surgieron preguntas que no te las explica a detalle Wikipedia y que aún en el círculo de practicantes, se responden desde diferentes ángulos: hay quienes lo relacionan con una actividad libertina y quienes lo consideran el resultado de un compromiso de respeto, honestidad y afecto. Podría plantearlo así en términos básicos, partiendo de la interesante entrevista, que tuve oportunidad de realizar. 

A la hora de la cita, la pareja me recibió con amabilidad y mucha disposición para desentrañar, desde su experiencia, este concepto sobre el cual renuevan constantemente su relación. Había intentado contactar ya a varias parejas, hasta que ellos accedieron sin mucho problema, pues dedican parte de su tiempo a hablar sobre relaciones interpersonales y sexualidad desde un enfoque que, si bien, a la luz del día se salta el esquema tradicional. En la intimidad de la población paceña se practica mucho más de lo pensado, según expusieron ellos mismos.

Cuando entré al lugar, arropado por el café y los colores caoba del inmueble, sentí que me sumergía en una aventura. Ella fue la primera que se sentó conmigo a romper el hielo. Joven, profesionista, una actitud sencilla y sensible; llevaba vestido y cabello suelto de un color entre rojizo y castaño, coloreado quizás por la iluminación del lugar. Lo primero que noté fue su amable sonrisa y la admiración que transmite por él, tal vez de forma inconsciente:

“No sé qué tiene, pero la gente lo nota más a él, deslumbra”, comentó cuando ambos esperábamos que su compañero de vida se uniera a la conversación, ya que en ese momento revisaba la programación de una futura plática en ese café.
 
– Ya no somos pareja M-H ¡Ahora somos TRIEJA M-H-M! Estamos muy content@s; dice su publicación en Facebook, meses atrás. 

Cuando ya habíamos comenzado la entrevista, lo cual sucedió de manera muy natural, ambos se declararon bisexuales.

“Tenemos una relación abierta que hoy compartimos con una mujer, pero también respetamos nuestra libertad de tener lazos afectivos con otras personas”, expusieron, abriendo la caja de paradigmas que me harían contemplar desde un enfoque diferente, lo que muchos consideran común.

“Más que definir el amor, desde sus diferentes perspectivas, esto más bien se refiere a un vínculo afectivo, de conocer y reconocer estos vínculos que podemos tener con otras personas de manera muy honesta, con nosotros mismos y con los demás”, comentó él. El poliamor, desde su perspectiva, debe cimentarse en acuerdos que surgen de la comunicación y la comprensión, siempre abiertos a la negociación, me explicaron de una manera abierta y transparente. 

“Que tal si nuestros votos o acuerdos siempre están en la mesa y pueden adaptarse de nuevo en un mes o 7 años, nuestra relación se vuelve un traje a la medida”, argumentaron.

Mientras detallaron esta idea, donde plantean que las relaciones se vuelven conscientes cuando se superan los acuerdos o paradigmas establecidos por la familia o la cultura, aquellos que acompañan tradicionalmente el matrimonio por ejemplo, comenzaron a desentrañar sus implicaciones, pues quien esté dispuesto a embarcarse en el poliamor debe tener muy presente la trascendencia de su actos en sus relaciones, como una gota de agua que genera ondas en un charco.

Sin entrar a términos religiosos, ellos piensan que las relaciones monógamas han resultado fallidas. Parten de un ideal que se quiere alcanzar, donde además se busca exclusividad, a veces siendo egoístas y renunciando a una parte de nosotros por la pareja, llamándole “acto de amor”, como cuando se deja de hacer algo que nos apasiona por darle gusto al otro.

Premisa: Nos definimos como poliamorosos, nos estamos reinventando, parecía que estaba de moda, pero no, aún falta mucho que recorrer.

Ellos reconocen a cada persona como única e irrepetible y exponen que reconocer sus talentos y limitaciones. Los hace comprender que no se puede ser todo para alguien, porque es entre las fortalezas y debilidades, anhelos y deseos que se puede tener una conexión con otras personas que no son la pareja, circunstancias que en el amor monógamo llevan a la confrontación. 

Entre comentarios que detallaban la intimidad afectiva de su relación, explicaron que hoy existen muchos estudios psicológicos y sociológicos que hablan del ser humano como un ser de naturaleza poliamorosa y no monógama, por lo que es posible, comentaron, construir relaciones a nuestra medida que consideran enteramente al otro o la otra, sus aspiraciones, emociones y pensamientos. Es reconocer sobre todos mis actos las implicaciones que tendrán para los demás. 

 “Cuando pasa sorprende, pero no se trata de una relación de privilegios, en el contexto poliamor, todos participan voluntariamente, conscientemente y éticamente, todos ganan”. 

En este punto, es importante mencionar que el concepto poliamor ha venido ganado presencia en la sociedad, siendo relativamente nuevo, ya que fue acuñado apenas en 1990 por la estadounidense Morning Glory Zell-Ravenheart, líder de una comunidad neopagana, mientras se desempeñaba como conferencista y sacerdotisa. 

Para ellos fue importante aclarar que existe una distancia con el concepto de parejas swinger, que generalmente están abiertas a experiencias eróticas, en relaciones meramente sexuales, mientras en el poliamor no, puede o no haber erotismo.

 “En el ambiente swinger se vale todo, pero, no te enamores… La comunidad swinger en BCS se traduce en decenas de miles, parejas de todas las edades, de todos los sectores, de todos los municipios, sorprende que se oculten tanto”, expresaron.

Agregaron que el poliamor no se impone, no hay un esquema que esté mal, no juzga, acepta que cada quien tiene su forma ser, es una carta más sobre la mesa, que valorar y que da valor a las otras.

De pronto, una entrevista que duraría de 15 a 20 minutos se había convertido en una plática de más de una hora, que muchos habrían descrito como novedosa, mientras otros la habrían considerado incongruente a los preceptos de la ética social. Sin embargo pocos habrían negado la transparencia y la pasión que emanaba de los entrevistados y que llevó al sano debate de las ideas a este entrevistador.

Finalmente quedó claro, aún hay mucho que descubrir, pero hoy, el poliamor abre horizontes bajo un concepto que habría que navegar para comprender y que al mismo tiempo no es para todos, puede incluso que nunca lo sea. Si tomamos como referencia los preceptos básicos sobre los cuales se construye la relación de los entrevistados, en esencia se promueve también el respeto a las parejas, quizás, con una óptica un poco diferente.

“Es lo que a cada quien le siente mejor”.

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