Algunos elementos a considerar sobre lo de Ucrania

Cuando estalló la primera guerra mundial la circunscripción inicial del conflicto mostraba una descomposición ante todo de la zona de los Balcanes, hubo incluso algunos que afirmaron que esta no fue más que la tercera guerra balcánica, eran pues los reacomodos dentro de Europa una vez iniciado el derrumbe del otrora imperio turco. La expansión de los imperios europeos fue determinante, dado que la mundialización capitalista empezaba a mostrar limitantes para su reproducción en el viejo continente.

La Europa moderna, es decir, el espacio que surgió después de todas las transformaciones sucedidas durante todo el largo siglo XIX, tuvo su punto de inflexión a partir de la firma del Tratado Brest-Litovsk. Un acuerdo, que, por principio, los bolcheviques no tenían la intención de hacer. El propio Trotsky intentará por todos los medios no ser encapsulado por el Imperio Alemán, no lo logró. Y es que, con este acuerdo, se daba forma a una clausura histórica que fue determinante en el siglo XX, la imposibilidad material geográfica de Eurasia.

Esto generó dos bloques históricos irreconciliables, por un lado la Europa Occidental, que no toda la Europa Continental, sino más bien la que se hizo de la vanguardia tecnológica y la apartó del resto; y por el otro lado, después de la muerte de Lenin, la dinastía despótica soviética representada en Stalin, que nunca logró llevar a cabo un proceso de modernización del campo sino simplemente su reordenamiento autoritario, lo que la llevaría a un atraso sin precedentes ante la imposibilidad de acceder a lo más avanzado de la tecnología europea.

Esto vino acentuarse aún más después con la segunda guerra mundial, que en medio del enfrentamiento entre potencias europeas por mantener el centro hegemónico llevaron a la locura y destrucción de todo el continente. La propia URSS tuvo que pagar las consecuencias, de una disputa en la que nunca pudo ir más allá de sus propias posibilidades, siguió manteniendo su doctrina de socialismo para un solo país. E intervino sólo después de que Stalin se ha dado cuenta que ha sido engañado por Hitler y que el Pacto Ribbentrop-Mólotov no tiene efecto alguno.

El error de Hitler de desatar la operación Barbarroja, y, sobre todo, el no atacar directamente Moscú, más la resistencia de los pueblos rusos durante el invierno lograron detener el avance de los nazis sobre el frente oriental europeo. Al abrir este frente, la estrategia nazi de ampliar su territorio a toda Europa y más allá de ella, generó condiciones para unificar a sus enemigos, radicalmente disimiles entre ellos, pero no porque representaran valores contrapuestos como capitalismo y comunismo sino más bien porque representaban proyectos históricos de capitalismo para el siglo XX que veían en la caída europea la posibilidad de abrirse camino.

Con la caída de la Berlín nazi, se abrió la posibilidad de un acuerdo de reparto geoestratégico del mundo que mantuvo una tensión durante todo el siglo XX con la Guerra Fría. Este se dará precisamente en la península de Crimea, en ese momento perteneciente a la Ucrania supeditada a la URSS. El Acuerdo Yalta, tendrá como telón de fondo dos elementos sumamente importantes que se pierden cada vez que se intenta darle sentido a este proceso, elementos que son complementarios y que hoy una vez que su trayectoria ha sido concluida podemos dar cuenta de mejor manera.

El primer elemento fue la necesidad de Estados Unidos de imponer a la Europa Occidental, la misma que había guiado el centro hegemónico del mundo desde el siglo XVI, una relación de subordinación inédita. El recentramiento hegemónico fue posible gracias a que Europa había quedado completamente destruida y que el capitalismo financiero inglés era insuficiente para poder llevar la reconstrucción por sí mismo.

Fue entonces que Estados Unidos logró establecer sus condiciones, la reconstrucción iría a través de sus propios mecanismos financieros, así nace el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), que sería uno de los cinco bancos que conformaron el domino del sistema financiero a través del Banco Mundial. Los préstamos se harían a los Estados europeos, y estos a su vez les pagarían a empresas americanas que se encargarían de la reconstrucción de Europa. Un negocio redondo.

En ese sentido Alemania debió permanecer dividida, no sólo por el peligro que significaban los nazis que sobrevivieron, sino, ante todo, por la necesidad de subordinar a los capitales que se vieron beneficiados de la guerra. Sus recursos debían alimentar el crecimiento de una nueva economía mundial ahora dominada desde el otro lado del Atlántico.

Para garantizar este proceso económico en curso, Estados Unidos asumió el tutalaje militar a través de la OTAN de toda la Europa Occidental, asumiendo un liderazgo de facto durante todo el siglo XX bajo pretexto de garantizar la seguridad de los europeos.

El otro elemento, que no puede dejarse de lado, es precisamente el de la ocupación de la URSS de la Europa Oriental, esa que ha sido minimizada justamente por su carencia de desarrollo tecnológico, fue relegada a un mando que debió de hacerse cargo de ella, pero sin modernizarla. Este encargo, es más bien habría que reconocer la imposibilidad material de Estados Unidos por asegurarse de esta parte del mundo. Por eso es por lo que esto es complementario. Se le cede a la URSS este territorio justamente porque mientras sucede este recentramiento hegemónico aún no están las garantías para hacerse cargo de todo el mundo.

Hay que decirlo claro, la mundialización americana fue por fases, y para poder hacerlo aprovechó la oportunidad del quiebre histórico euroasiático provocado desde la primera guerra mundial, y estableció una barrera de acero que le permitió dominar el otrora continente hegemónico para desestructurarlo y establecer una nueva relación centro-periferia una vez concluida la segunda guerra mundial.

Con la caída del muro de Berlín en 1989, Europa Occidental planteó la reunificación, no nada mas como un mecanismo para sacudirse al capitalismo despótico -este concepto tan importante que desarrolló Luis Arizmendi para dar cuenta del simulacro histórico que significó el socialismo real, lo que ahí más bien hubo habría que decir fue un despotismo haciéndose cargo del capitalismo de retaguardia- que dominó su parte oriental, sino un intento por sacudirse también la dominación americana.

La Unión Europea tenía como objetivo reestructurar su espacio de influencia, volviendo de nueva cuenta a soñar con la posibilidad de una sola Europa con un solo proyecto histórico. La crisis económica de 2008 hizo estallar por los aires un proceso que tuvo múltiples dificultades, tan sólo el fracaso del constitucionalismo europeo da cuenta de ello. De hecho, la crisis le dio la oportunidad a China de establecerse en el viejo continente con inversiones cada vez mayores, hay que voltear a ver a Grecia, y su proceso de privatizaciones y veremos al capital chino muy adentro, aquello que la troika no pudo resolver en el Extremo Oriente no lo asumieron con una perspectiva de larga duración.

El actual conflicto en Ucrania no puede dejar de verse a los ojos de las fases de la mundialización, que aquí hemos esbozado. Después de la administración de Trump, la guerra económica con China es la preponderante, eso lo tuvo que asumir el partido demócrata, quien ha empezado a establecer líneas rojas tanto para Europa como para Rusia. La alianza establecida por Merkel y Putin a través del Nord Stream 2 es una amenaza para la economía americana cuando está enfrentando el ascenso chino.

Ucrania importa para detener cualquier tipo de alianza en el siglo XXI entre Europa y Rusia, una alianza de esta naturaleza en medio de la disputa por la hegemonía mundial entre Estados Unidos y China será determinante. Tan sólo la dependencia económica que necesita Estados Unidos de Europa Occidental respecto del gas licuado es fundamental para su propia reactivación económica después de la crisis derivada por la COVID-19.

Los pactos que dieron sentido a la mundialización en el siglo XX para el reparto geoestratégico han caducado. El siglo XXI está por comenzar un viaje que puede avanzar en una noche mucho más larga que las tinieblas que se vivieron el siglo pasado. Es una tarea dar a conocer de qué van los nuevos escenarios al margen de la histeria y desinformación provocada por los aparatos de guerra informativa de cada bando.

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