El hombre no es libre si el gobierno no tiene límites

PARA EL FIN

Desde hace algunos meses, en las redes sociales se hizo viral un discurso del expresidente Ronald Reagan del año 1989, con su frase de tres palabras: “Nosotros, el pueblo.”

Según él, esa fue la primera revolución en la historia de la humanidad que cambió el curso del gobierno en los Estados Unidos.

El pueblo le dice al gobierno lo que tiene que hacer y no al revés.

El pueblo es el conductor y el gobierno es el vehículo.

El pueblo decide hacia dónde ir, la ruta a seguir y la velocidad a la que se debe conducir.

El hombre no es libre si el gobierno no tiene límites.

A medida que el gobierno se expande, la libertad se contrae.

Los presidentes de Estados Unidos, de Cuba y de cualquier país, teóricamente son solo mandatarios y sus pueblos somos los mandantes.

Pero eso es pura teoría; lo cierto es que se vuelven adictos a los privilegios del poder. Sea en la Casa Blanca, en el Palacio de la Revolución, en Los Pinos o en el Palacio Nacional, el poder los marea y los embriaga; les da señorío; los hace distinguidos y hasta excelentísimos.

No hay hombre que se convierta en pueblo ni pueblo que se convierta en hombre. Esas mutaciones son fantasías; mitología americana; son narrativas con intención de manipulación.

¿Usted conoce a algún hombre – pueblo?

Lo dejamos para el fin.

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