El sacrifico de Trump

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos

Foto: Agencia AFP

Dos poderosas imágenes le han dado la vuelta al mundo, en medio de la campaña presidencial americana, sobre la condición médica del mandatario estadounidense. Una de ellas es, acompañado del servicio secreto, Trump da la vuelta en una camioneta para saludar a sus simpatizantes. 

La otra imagen, una que podríamos definir como dinámica, que espera una puesta en escena para proyectar la carga histórica que le corresponde, es la llegada de Trump a la Casa Blanca enfrente de una de sus entradas, quitándose el cubrebocas cuando aún tiene COVID-19. 

Trump se nota hierático, hace un movimiento para despojarse de la mascarilla a la espera de que la carga histórica que está realizando logre el impacto hacía dentro de la sociedad americana, pero también, un mensaje hacia el mundo.

Es él el representante del proyecto de la modernidad americana, por lo tanto, como heredero del realismo puritano americano comprende que la única manera de salir adelante es avanzando hacia el autosacrificio y de esta manera abrirle paso a la economía americana.

El peligro derivado del COVID-19 es visto como un estorbo para la tarea de la recuperación americana, es por ello por lo que, para exigir el sacrificio de la sociedad y mantener con este la hegemonía mundial.

Trump acude al american way of life, que define que puede haber un sacrificio, incluso el de él, para detener el avance del virus chino, no porque este afecte a la salud sino porque principalmente afecta la economía. No se trata de luchar por una cura contra la enfermedad, ya que esa vendrá indudablemente, se trata de la lucha por mantener la hegemonía mundial.

La realización del proyecto realista de la modernidad americana requiere así una forma que siga desplegando el progreso económico, que no se detenga ni ante el inminente peligro que puede representar un virus como el SARS-COV-2. Para ello, la técnica americana tendrá la cura en breve, porque ese es su llamado a ser en este mundo en el aquí y en el ahora.

La ética trumpista consiste en mantener adelante el proceso de acumulación americana a pesar de más de 215 mil muertes, ya que, de otra manera, el proyecto americano fracasaría, es él y su sacrificio los únicos que podrían sacar adelante la lucha contra China, quienes intentan desafiar el orden de las cosas.

A Trump no le importa el sentido común, lo que le importa es ser un ganador, proyectar esa imagen, de saber que pronto vendrá una vacuna porque forma parte de su corazonada, de una especie de suerte americana al estar siempre dispuesto incluso a sufrir una enfermedad para conocer a profundidad sobre ella para poder vencerla.

Es un hombre que con suerte quiere ser el modelo de vida de millones de americanos para que salgan a trabajar y reactiven la economía que está acechada por los chinos y los socialistas que hoy tienen representantes en Biden.

Es cierto que Trump arriesga a los que están con él en esa camioneta al salir a dar un paseo, pero es algo que vale la pena por la magnitud de la tarea que se ha impuesto, regresar a la esencia de América para hacerla grande de nuevo.

El relato que ha hecho Trump desde que anunció su candidatura a su primer periodo a la presidencia de Estados Unidos ha sido claro, la esencia del proyecto realista de progreso económico está en peligro, ya que la crisis económica de 2008 y la respuesta laxa de los demócratas devino en una debacle que lastimó esencialmente a la clase media de ese país.

La blanquitud americana, puede incluir a todos aquellos que impulsen el sueño americano, pero desde la perspectiva de Trump esto no se puede lograr si no existe en primer lugar un progreso palpable para quienes le dieron sentido a ese proyecto y son los White, Anglo-Saxon and Protestant (WASP Blancos, anglosajones y protestantes).

Es por ello por lo que, su Make America Great Again (MAGA), en la campaña presidencial anterior, apelaba a recuperar la economía de la clase media americana, que fue duramente dañada.

Trump apunta sus baterías a la clase media americana WASP que perdieron sus trabajos por la deslocalización industrial, la cual fue impulsada por grandes compañías que abrieron sus puestos de trabajo en China. Esto generó una gran pérdida de empleos de forma paulatina, pero cuando la burbuja financiera explotó, quienes más sufrieron los efectos devastadores de su impacto fue la clase trabajadora. 

Hoy existe una agravante, que profundiza y desborda la crisis económica producida en 2008, el impacto de la crisis epidemiológica del coronavirus. Hay varios elementos a tomar en cuenta, y es que, el rescate bancario producido por Obama logró mantener a flote la economía norteamericana, pero tuvo un coste muy profundo, ya que se amplió la brecha de desigualdad en Estados Unidos.

Mientras el 1% de los ricos en Estados Unidos pudieron enfrentar el embate de la crisis gracias al rescate del Estado, la clase media prácticamente se pulverizó. La tendencia negativa que viene desde la década de los 70s, a partir de la crisis de 2008 mostró una caída preocupante.

Dentro de las situaciones más dramáticas que la clase media padeció fue la pérdida de su poder adquisitivo, la evaporación de sus ahorros y la pérdida de sus hogares al ser impagables los créditos a los que habían apostado para su futuro. 

Es así como nace y se nutre hoy en día, una especie de rebelión que nos recuerda a la iniciada por Nathaniel Bacon, cuando la corona inglesa se negó a seguir ocupando y conquistando las tierras de los indios americanos, el reclamo era que, estos ingleses habían hecho el sacrificio de trasladarse a América, y debido a esto no tenían mayores oportunidades de crecimiento.

Eran blancos inconformes que impulsaron una rebelión en doble banda, por un lado, contra las élites de la colonia, que no procuraban su bienestar y por otro, contra los territorios indios, ya que estos, al acaparar la tierra les restaban oportunidades para el progreso. Esto es lo que caracteriza al realismo americano, están llamados a cumplimentar la empresa del progreso cueste lo que cueste.  

Las nuevas rebeliones en Estados Unidos que han iniciado los WASP contra gobernadores que cerraron la economía debido a la pandemia, forma parte de este nuevo escenario, la visión de los nuevos rebeldes consiste en que existe una clase política representada por los demócratas, que no cumple con su función histórica; la del progreso, por lo que debe abrirse el paso al trumpismo para que retome la tarea con la que los padres fundadores del estado americano definieron la trayectoria para sustituir a Europa en el control del mundo, y que ahora se reactualizaría en la disputa con China. 

Para el trumpismo si la promesa de progreso no tiene asidero en los WASP, si este grupo que conforma la esencia de la nación no tiene como destino manifiesto el progreso americano, entonces el orden se habrá perdido.

Quizás por eso, el nuevo lema de campaña de Trump es la promesa del establecimiento de la ley y el orden. Una ley y un orden que esté acorde a mostrar que el american way of life puede refuncionalizar las tasas de crecimiento económico en contra y a pesar de la pandemia, ya que esa es su tarea histórica.

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