Tecla 7/6 EL COLAPSO

Tecla 7/6 EL COLAPSO

Siete años y medio después, el colapso. 
   Ni siquiera había pasado el primer año de la administración de Enrique Peña Nieto y ya se denunciaba –con audios y videos de por medio—la orquestación de programas sociales federales para apuntalar campañas políticas-electorales en Veracruz.
   Era el 13 de abril del 2013, en Chiapas:  
  La impunidad y el cinismo, tuvieron su frase: “no te preocupes Rosario, aguanta”.
  Contrastes del destino; hoy, el propio Peña Nieto debe de estarse preocupando de Rosario. Igual que Luis Videgaray, el principal activo presidencial del sexenio pasado.
    Ayer 24 de noviembre del 2020, Videgaray, el propio desde los Estados Unidos arremetería al final de un texto que redactara desde los Estados Unidos: El mecanismo de moda de “me salvo culpando a Videgaray” tiene un límite, y ese límite son la verdad y la ley”.
   Y es que bajo proceso penal Rosario Robles, ex secretaria de la Sedesol y de la Sedatu, según sus abogados, habría aceptado el beneficio de oportunidad y evitar con ello sentencias –faltas a la función pública, lavado de dinero, crimen organizado y lo que se acumule—que podrían alcanzar hasta cuatro décadas. La edad de Robles, 64 años.
    Han pasado más de siete años de aquella primavera chiapaneca de 2013. Hoy sólo los grises de lo que será un perturbador y largo invierno político, por todos los alcances que se tendría con el presunto de dinero público en campañas políticas.
    No se sonrojaron con las denuncias públicas del desvío de recursos de programas federales en Veracruz, lo que amagó, incluso al cupular Pacto por México. De la Cruzada Nacional contra el Hambre (con la mirada en 400 municipios e, inicialmente, considerado Los Cabos, cuando fungía como presidente municipal Antonio Agúndez) a la Estafa Maestra. Miles de millones de pesos a manos ajenas, campañas, políticos, que bien pudieron utilizarse en escuelas, drenaje, agua potable, hospitales.
   Con la Cruzada Nacional contra el Hambre saqueo de millones y más millones en la pobreza.
    En Veracruz se había destapado el caño con Javier Duarte como gobernador. El PRI estaba de regreso. Peña Nieto intentó ser dulce con Rosario Robles. Frente a los señalamientos, audios, videos y denuncias, atajó. Le dijo a Rosario, pero el mensaje era para todo México (políticos, empresarios, periodistas, burócratas, sindicatos, pero para los más interesados las ratas, los subalternos, los operadores siniestros):  
     “Rosario, no te preocupes, hay que aguantar porque han empezado las críticas, han empezado las descalificaciones de aquellos a quienes ocupa y preocupa la política y las elecciones, pero nosotros en este gobierno tenemos un objetivo claro, una tarea comprometida con los mexicanos, que es acabar con el hambre”.
    El sexenio se ennegrecería. Vendrían “Casa Blanca”, Ayotzinapa, el saqueo de los combustibles y el entierro de Pemex, los gobernadores priistas del cambio se sumarían al desorden y al saqueo; y hasta en Nayarit tendría su fiscal narco. La sangre siguió corriendo, más cruces de víctimas, más secuestros, más desapariciones. No alcanzaría el perdón exclamado por Peña Nieto ni conmovería su reclamo que “los periodistas no aplauden”.
    Pero, se vestían de soberbia.
    Del sexenio negro, hoy el rincón oscuro para quienes ejercieron el poder. La vuelta de la pelota. 
    El uno de julio del 2018, el hartazgo social reventaría las urnas.
    Rosario Robles lleva más de un año privada de la libertad. Debió no preocuparse, en efecto, en aquella primavera chiapaneca del 2013, hoy sí lo está y preocupa además, a quien le dijo que no se preocupara. Y ha preocupado, por todo lo que ha advertido que dirá, al mismo Videgaray, quien desde Cambridge, Massachusetts, lanzó un mensaje de cinco puntos a la opinión pública, entre estos citó:
    “El día de hoy (24 de noviembre) me he enterado por los medios de comunicación, con enorme sorpresa, de las declaraciones del Lic. Sergio Arturo Ramírez, abogado defensor de la Maestra Rosario Robles Berlanga”.
   “ Al respecto expreso lo siguiente: 
  1. Lamento profundamente que Rosario Robles opte por acusarme sin fundamentos para tratar de librar su situación legal. Desde el punto de vista humano, entiendo lo extraordinariamente difícil de su condición, incluyendo la perspectiva de enfrentar órdenes de aprehensión por delitos muy graves. Sin embargo, la desesperación no puede ser justificación para mentir e incriminar a inocentes. Ese no debe ser el camino para conseguir su libertad. 
2. Lo que dijo el abogado Ramírez sobre mí es completamente falso, y carece por ello de sustento alguno. Rosario Robles podrá decir muchas cosas, pero lo que no podrá hacer es probar mentiras. Yo no tuve participación alguna, directa o indirecta en la llamada “Estafa Maestra”, y mucho menos me beneficié de dicho presunto mecanismo. Como servidor público siempre actué dentro del marco legal, y las únicas pruebas que han surgido en mi contra respecto al supuesto desvío de recursos públicos son los dichos de personas que quieren eludir su responsabilidad...”.
    Antes que concluyera la jornada del martes, ya caída la tarde, Rosario Robles por red social difundiría:
   “He decidido acogerme a la figura de testigo colaborador. Por el momento es lo único que puedo informar. Se han hecho declaraciones que no han sido acordadas conmigo. He instruido a mis abogados atenerse al procedimiento judicial. Lo que sí debo decir es que hablaré con la verdad”.
   No hay más primavera política.
EZEQUIEL LIZALDE
   Muy joven en Tribuna de Los Cabos encontró las puertas abiertas. Fue parte de una nueva generación que acogía este, el primer diario de la provincia de BCS. Vi el mensaje de la periodista Guillermina de la Toba y la imagen de su mano con una medallita y la tristeza de sus palabras: “Perdóname amigo ya no te la pude dar”. Leí por igual el aprecio con la emotiva cita del “Hasta Siempre” de la Jefa de Información, Leticia Hernández. El aprecio y la amistad en su paso por esta casa editora. No habrá minerías a donde vas; pero, seguramente de haberlas, estarás de ello. Hasta luego Ezequiel.

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