Tecla 7/6 EN TIEMPOS DE CAMPAÑAS

Encuestas realizadas por El Financiero poco antes del inicio de las precampañas –15 de diciembre del 2020—referían que Morena superaba al PAN por seis puntos en las preferencias electorales para la gubernatura de Baja Californiana Sur. Sin embargo, ya con el inicio de las campañas políticas, ayer seis de abril, El Financiero dio cuenta de encuestas que colocan al panista Francisco Pelayo, hasta por once puntos arriba del morenista Víctor Castro.
   Una voltereta panista demasiado agresiva en apenas casi cuatro meses. Esto aun cuando en la propia encuesta difundida por El Financiero el 15 de diciembre, ya se anticipaba de escenarios aliancistas. El diario capitalino experto en materia económica, observaba en aquel despacho decembrino:  
   “La alianza PAN-PRI-PRD se ha anunciado en 7 entidades y en dos más está pendiente su confirmación. En dos de ellas, Baja California Sur y Sonora, la alianza opositora se ubica por arriba de Morena, sumando las preferencias de manera aritmética, con diferencias de 4 y 3 puntos, respectivamente”.
    Es decir, en el escenario aliancista, El Financiero ubicaba al PAN, PRI y PRD con preferencias por el 37% contra el 33% de la coalición Morena-PT-PVEM. Pero,  los decembrinos traspiés políticos morenistas de entrada convertiría a los aliados nacionales Panal y PVEM en adversarios electorales sudcalifornianos y la entonces corriente morenista de Víctor Castro, haría trizas las posibles candidaturas locales leonelistas. Castro lo advertiría en Comondú al dejar en claro que “primero el equipo”, ecuación muy diferente al pregonar morenista del supuesto “decide el pueblo”. Aparte de las crisis internas con Héctor Torres, Armida Castro y Ernesto Ibarra (entre otras), le tiraban a restas y desgastes como sucedía en la mayoría legislativa Morena-PT, hilvanando equívoco tras equívoco, hasta el hecho mismo de convertirse en desafortunado comentario y preocupación nacional con aquel desacierto en el Congreso del Estado, de cómo eliminar oposición interna y anular la expresión democrática dada en las urnas, con el mayoritazo, lo que provocó un pronunciamiento en contra del interés morenista-petista por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación –SCJN–. 
   Además, si se tratara de cuentas alegres para los aliancistas, Morena habría perdido en un abrir y cerrar de ojos, nada más en Los Cabos, 57 mil votos, que serían los obtenidos por Armida Castro (Morena) y Ernesto Ibarra (PT) cuando la campaña municipal electoral del 2018. No es así, pero la ruptura con Armida (hoy en campaña por la gubernatura por el PVEM e Ibarra por la alcaldía cabeña con Fuerza por México), dan cuenta que la ruptura les abrió un hoyo electoral en el principal asentamiento electoral de Baja California Sur, como es Los Cabos, del tamaño que se quiera ver.
    A la par las elecciones municipales sudcalifornianas del 2018, dieron cuenta que el PT no es un partido estatal: de los 28 mil 706 votos reportados, 25 mil 179 fueron acreditados en Los Cabos. Es decir, en La Paz, Comondú y Loreto apenas si sumó tres mil 527 sufragios.      
En el proceso se han dado otras señales equívocas y hasta ridículas. A quién se le ocurrió de la cúpula de Morena poner en la lista plurinominal –incluso en el primer sitio—de la Primera Circunscripción al presidente municipal de La Paz, Rubén Muñoz, sin que no sólo hubiera solicitado licencia al cargo, sino que ni siquiera tuviera intención de ello. Ridículo.
    El IEEBCS generó, aparte, reflectores innecesarios. La consejera presidente del IEEBCS, Rebeca Barrera Amador, pretendió de última hora que en la candidatura por La Paz, la alianza PAN, PRI, PRD, PRS, Humanista, postulara a mujer. El priista Ricardo Barroso – aún cuando ya en campaña– y sus aliados, aun no digieren lo que consideran una intentona fallida contra la alianza, están en proselitismo con la espina clavada de la duda hacia el árbitro electoral local.
      Con todo, Morena tiene tres vertientes sólidas con los que irá por el voto y movilización: a)- jóvenes becados y adultos con su pensión; b).- taxistas y permisionarios del transporte urbano; c).- y un importante porcentaje del sector magisterial.
   La alianza PAN, PRI, PRD, PRS y Humanista, tendrá por tal mucho que ver por sí. Fue un mal mensaje cuando en fechas recientes en San José del Cabo, al pronunciarse por la alianza y candidatura municipal cabeña, se tenía por escenario anfitrión priista todo el verdor de un césped y al fondo una alberca. Mala señal cuando miles de votantes no viven entre comodidades ni mucho menos tienen agua. La panista Lupita Saldaña debió de haber observado la distancia política puesta con realidades locales, así que se fue al Caribe, colonia marginal en Cabo San Lucas, para iniciar campaña y asumir compromiso. Pero, más que lo tanto que pudo haber dicho, al pronunciarse por atender el problema del agua, hubiera sido mejor que al evento político hubiera llegado con una cubeta y para ser empática con un grave problema social, más que decir, debió haber marchado –y que la siguiera quien quisiera—cubeta en mano, vacía, hacia las instalaciones del Organismo Operador del Agua Potable para protestar y denunciar que hay sed. ¡No queremos cubetas vacías! Los liderazgos y la capacidad de movilización se nutren por la propia acción y sí, mucha rebeldía. Más cuando hay hartazgos. Conectarse con la calle, con el colono, es tragar polvo. Es tomar e ir de la mano de la conciencia social ante tanto descaro y podredumbre política para protestar, por citar, ante las propias instancias públicas por desarrollos habitacionales y obras en plenos arroyos.
   Hoy es un tiempo para un paso adelante: llenar a la población de acción, no de discurso de siempre, de un bienestar anunciado que vendría después de las urnas y que siempre queda distante y a deber.
   En tiempos de campañas la esperanza está muy maltratada.

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