¡Van contra la Reforma Energética!

La política es definir entre inconvenientes, ha repetido en estos días el presidente López Obrador. Y en esta encrucijada se encuentra. No hay que ubicar más que en la reforma energética el centro de esta disputa. Mucho menos hay que evadir la confrontación que esto provoca. Es, claramente, momento de definiciones.

Los ataques mediáticos contra lo que se ha denominado la cuarta transformación no son nuevos, tampoco las calumnias. La andanada contra la familia presidencial trata de dar un mensaje a la clase política en su conjunto, permitimos llegar a este presidente, pero estaremos dispuestos a destruir a cualquier otro miembro de su equipo si se siguen atreviendo a mantener esta línea de combate a la corrupción. La mafia a todo lo que da.

En esta discusión hay que tener presentes el momento preciso cuando se llevó a cabo el ataque contra el presidente Peña Nieto a juego de la Casa Blanca, se encontraba justamente el reparto por el despojo de los recursos naturales estratégicos, especialmente el petróleo y el gas, ahora sabemos que también el litio. La clase política del peñismo estaba explorando alianzas con China para asumir negocios con aquella región del mundo, en todo caso, estaban encareciendo sus servicios para la entrega de los recursos de todos los mexicanos.

Por esta situación, de manipulación por no cumplir los acuerdos con los grandes capitales que le ayudaron a comprar la presidencia, y, sobre todo, por intentar modificar las condiciones del acuerdo para incrementar los costos de los beneficios en sobornos producto de la contrarreforma energética, que el ataque mediático se echó a andar. No porque se estuviera combatiendo la corrupción sino más bien se estaban garantizando negocios producto de ella. La manipulación del cuarto poder fue sumamente efectiva, pero justo por ello, desestabilizaron a toda la clase política aliada a sus despojos, y abrieron la ventana de oportunidad que aprovechó muy bien el líder de la resistencia civil pacífica.

Si a un aliado de la corrupción lo trataron de esta manera, era claro que alguien que se opusiera a ella sería tratado de peor manera, esto es, que sin pruebas que demostraran la corrupción, se lanzó una campaña de propaganda, en donde los hechos no importan sino la mentira. Un método goebbeliano, que, en México, Carlos Alazraki ha utilizado muy bien en campañas electorales.

Estamos en una guerra comercial, no sólo por la confrontación entre Estados Unidos y China por la disputa de la hegemonía mundial, que ha puesto a México en el centro de la mesa de los recursos naturales estratégicos, sino también por la confrontación al interior de capitales nacionales que están dispuestos a defender cierto margen de soberanía, y capitales nacionales subordinados a capitales transnacionales.

En condiciones de guerra, para los propagandistas la verdad no importa, es por ello por lo que están dispuestos a lanzar mentira tras mentira para manipular a la opinión pública, para confundirla y desde ahí conseguir desestabilizar al gobierno en turno. Es una operación de guerra psicológica manejada desde los medios de comunicación. A la democracia le llaman dictadura, aquello que George Orwell alertaba en su obra 1984 se hace presente en todo momento.

De fondo, no es que no importe la aclaración de las propiedades de los hijos de López Obrador, la construcción de este movimiento tiene como fundamento el combate a la corrupción, pero es que los elementos de la propaganda no tienen un sustento, no hay conflicto de interés y mucho menos son las mismas condiciones del contratista de Peña Nieto regalándole una propiedad multimillonaria.

La matriz de la oposición empieza ha tener ya una operación mucho más afinada con estrategas que han utilizado elementos que se encuentran en las dudas legitimas de la sociedad mexicana, si es posible establecer un gobierno sin corrupción o no. Y lo que han hecho es exacerbar esas dudas para desde ahí posicionarse en el discurso de todos son iguales, no vale la pena luchar por una transformación.

Hay pues un mecanismo en doble vía, debilitar las alianzas del presidente López Obrador al interior del movimiento, y en este sentido algo mucho más amplio que su base política, sino en una sociedad harta de la corrupción y que ha decidido darle su voto de confianza. Y por el otro lado, producir las condiciones para un liderazgo “ciudadano” que no venga de la política, ya que esta estaría sumamente corrompida.

La nueva estrategia de la derecha piensa que la clase media es suficiente para lograr para la reforma energética, si esta no se concientiza y lucha por detener el expolio de la riqueza nacional no habrá forma que la clase política pueda enfrentar a los intereses inconfesables de los grandes capitales. Por eso importa mucho centrar el discurso en un presunto aspiracionismo del hijo de López Obrador que mostraría una hipocresía. No hay tal, el presidente López Obrador ha hablado hasta el cansancio sobre el servicio público y su dispendio, así como los negocios al amparo del poder. Los hijos del presidente no se encuentran en el servicio público.

Esto además no puede ir para nada desligado del ataque al hijo menor de edad de López Obrador, que a través de la filtración de un video en la casa rentada en Houston intentaron exhibirlo como parte de la corrupción familiar. Están atacando con todo lo que tienen a la familia presidencial para poder detener la lucha por la recuperación de la soberanía nacional.

Cuando se dice que el presidente López Obrador debió quedarse callado o no entrar en la confrontación es un equívoco, no hay posibilidad de eludir el choque, porque no nada más es un reportaje sino un choque de proyectos históricos, uno plegado a la corrupción y al despojo de nuestra riqueza que ha generado mucha violencia y otro intentando recuperar el tejido social a base de políticas públicas dirigidas a los más pobres y necesitados de la república.

El poder está ahí para ejercerse, es decir, para asumir su desgaste para el ejercicio de este. Lo que estamos viendo es que el presidente López Obrador no ha estado nunca interesado en la popularidad, en mantenerse por arriba de las encuestas como si solo estuviera de por medio su ego, su vanidad, como lo han querido hacer creer desde los medios de comunicación. Está interesado en que el poder pueda servir para llevar a cabo el proyecto que lidera, y que por principio es la recuperación de la soberanía nacional.

Hay que estar claros, fue la organización Mexicanos contra la Corrupción, financiada por el gobierno americano, quien ha lanzado este ataque contra el proyecto de transformación en medio de la discusión de la reforma energética que busca recuperar la soberanía nacional. Es momento de salir a explicar cómo opera la propaganda contra el gobierno y cuáles son sus objetivos, hay que definirse pues para defender el proyecto alternativo de nación que ha dado pie a este momento histórico.

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